«Peppa Pig no es un buen ejemplo» (por Jess Fabric, bajista de Viva Suecia)

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Jess FabricCreo que no me atrevo a llamar vacaciones a esto, tengo la sensación de que es una provocación si lo hago. Ya sabéis: muchos andáis convencidos de que los músicos estamos todo el día tocándonos los huevos, y puede que sea cierto. La verdad es que tenemos un trabajo privilegiado y que cuando algo te gusta y es gratificante, pues como que parece que es menos trabajo. Pero al fin y al cabo es trabajar, y oye, un trabajo de los de no desconectar nunca. Que por nosotros muy bien, pero para los que nos rodean ya no es tan guay, cualquiera aguanta a un músico. Sospecho que mi mujer ya empieza a estar hasta el coño. Supongo que ella, al igual que yo, creía que esto de estar tocando de festi en festi iba a traer consigo vivir en un chalet con piscina, un todo terreno de esos híbridos que nos molan y poder llevar a nuestra hija a colegios caros y bilingües a los que van los hijos de directivos, políticos y diyeis (nunca sé cómo se escribe, ¿diyei, deejay, dj?). Y eso, tampoco me quedan amigos de verdad apenas, de los que te invitaban a copas y a fumar, los que no juzgaban el tipo de vicio. No han aguantado, y los que quedan sólo llaman para enseñarte que su coche es mejor que el tuyo, su casa más grande que la tuya, y que su TV tiene más de 200 pulgadas. Pulgadas que solo sirven para poner Pocoyó, Peppa Pig y alguna peli porno cuando toda la familia se duerme.

Detrás de todo esto, de las canciones, de los conciertos, de los halagos, de los excesos (eso de las extravagancias sería antes, ahora lo más heavy que ves en un camerino es un bocadillo vegetal y un bol con hummus del Mercadona), detrás de las buenas críticas (y de las malas), de cada disco, de cada vídeo clip, de las fotos de Instagram posando como estrellas pero con ropa de H&M o ASOS los más in (nada de Louis Vuitton, D&G, Versace, ni firmas que lucen las y los influencers) hay un trabajo muy parecido al de gestión de cualquier empresa: trámites burocráticos, madrugones, contabilidad y mierdas que poco o nada tienen que ver con el rock. Si alguien vino aquí buscando drogas, lujos, sexo y, sobre todo, dinero mejor que piense en hacer cualquier otra cosa. No sé, jugar al fútbol, montar una constructora, cocina de autor, vender Herbalife, productor de remixes o yo qué sé. Pero músico, no.

Se han dormido, la nena y mi chica, digo. Hay un silencio absoluto, es extraño, ni tan siquiera se oye a Peppa Pig, la cerdita esa repelente que despierta en mí ganas de matar y que, por ahora, parece ser un referente para mi hija, ¡me cago en la hostia! Será algo parecido a lo que sentían mis padres cuando mis referentes eran unos yonkis que cantaban tacos a gritos, con el pelo comido de mierda y que iban tanto con tías que estaban buenísimas como con tíos que estaban mejor aún que ellas. Creo que sólo los padres somos capaces de ver el peligro en los ídolos de nuestros hijos, y esta Peppa la Cerda no creo que sea un buen ejemplo para María.

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