Oda al amor efímero, Tulsa (por Manu Gálvez, «La máquina de escribir»)

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Tulsa es, sin duda, uno de mis grupos favoritos; y Miren mi chica indie favorita. Sus letras son espectaculares y tiene un magnetismo del que es imposible escapar. Ella tiene carisma y, como todas las personas creativas, no le importa mostrar su fortaleza un día, y al siguiente su sensibilidad. Una cosa no es contraria a la otra, sino que se superponen formando un todo que explica su arte y su forma de ver las cosas. La autenticidad es fundamental en este estilo musical que tanto amamos y Miren sabe representarlo de la mejor de las maneras. Ella ama todo lo que hace, aunque dure poco, como una canción. Para ella el amor es como una canción, algo que disfrutar y sufrir. Lo contradictorio es lo que mejor nos explica y aclara. El amor siempre lo es, como lo es explicar por qué una canción nos gusta.

El amor no es necesario que dure mucho para que sea bueno, los menos de cinco minutos que dura esta canción así lo demuestran. Lo que es más difícil y cuesta más tiempo es explicar el amor romántico. Siempre he pensado que el romanticismo a largo plazo, es el camino más corto hacia la soltería.

Cantarle o escribirle al amor romántico no es fácil, por mucho que sea el tema sobre el que más se ha hecho ambas cosas. Escribir sobre una mentira nunca es fácil. Hacerlo sobre una ilusión tampoco. Pero son los dos conceptos a los que nos agarramos para dar un poco de sentido a esta vida en la que solo tiene sentido su sinsentido. Para algunos este tipo de amor es cariño. Para otros es cuidar a la otra persona. Algunos lo utilizan como prevención de la soledad.

TulsaPara mí el amor romántico es un sueño que intentas que te coja con los ojos abiertos y la memoria suficiente como para no olvidarlo. El amor puede ser un culo o un escote, pero también una mirada o una caricia furtiva. La luz que desprende esa persona especial. Para mí no es así, y es precisamente la parte oscura la que me atrae, lo que me oculta para que siga estando despierto y no amanezca en una realidad demasiado tangible. El amor dura lo poco que es ciego. Uno se enamora de su idea del amor y la va modificando engañándose de manera consciente adaptándola a lo que nos interesa. Uno no elige de quién se enamora, lo elige el amor mismo, que es una cosa externa a nosotros. Uno busca realmente ese amor y lo menos importante es la persona que lo representa.

Amar la nada sería algo muy poético y a la vez muy triste. Parece que se necesitara amar a alguien para no sentirse estúpido. Sólo las mentiras nos representan y ésta es, sin duda, una de las más bellas que existen. La verdad es que solo nos enamoramos de nosotros mismos reflejados en la parte de atrás del espejo, quien se sitúa en ese lado será nuestro compañero sentimental mientras el cristal no se rompa o la persona amada le tire una piedra para romperlo.

Sangrar puede ser una forma de amar. Cuando se cicatrizan esas heridas estamos preparados otra vez para volver a herirnos, para volver a enamorarnos. El amor es volver a equivocarse. Tropezar en la piedra que más duele y restregarse un poco en ella para llevarnos el placer temporal que produce. El amor también es que te quieran cuando tú ya no sientes lo mismo por esa persona. El amor nunca es reciproco ni se siente con la misma intensidad. El amor es jugar a engañar a la persona amada y perder. El amor es jugar a engañar a la persona amada y ganar. El amor es dejarse engañar porque no tienes nadie mejor con quién jugar. El amor es el juego más divertido cuando solo tienes imaginación. Los realistas solo se enamoran del poder que da ganar en este juego. Lo mejor del amor suele ser planearlo. El amor imaginado compensa al real. El amor es una pelea perdida. Cuando llega solo queda rendirse ante él.

SED LIBRES

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