El disco que cambió nuestras vidas

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Vetusta Morla
(Foto Wilma Lorenzo)

(Por @rafavega_, editor de @8como80)

2018 fue un gran año para Vetusta Morla. Pero, lejos de conformarse con haber dado una gran gira en solitario con sold outs allá por donde pasaban, con romper records con su multitudinario concierto de Madrid en Junio o con haber estado nominados a los Grammys, la banda madrileña quiso hacer el «más difícil todavía» y cerrarlo con otra muesca más en su revólver: celebrar el 10º aniversario de «Un día en el mundo» con un concierto tocando sólo canciones de ese álbum. «El disco que cambió nuestras vidas», así se llamó el bolo que dieron en el WiZink de Madrid el 30 de Diciembre.

Una especie de mirada al pasado, para prepararse al futuro, desde un presente que no puede ser mejor para los de Tres Cantos. El concierto estuvo plagado de guiños a sus orígenes y a ese disco que fue catapulta de lanzamiento para convertirlos en lo que hoy son: una banda que llena allá donde va. No fue menos en el recinto de Goya el penúltimo día de 2018. Con algo de retraso, la nostalgia arrancó con las imágenes del videoclip de «Otro día en el mundo» sobre la gran pantalla que presidía el escenario para, en el clímax de la canción, fundirse con los «vetustos» de 2018 entrando en escena cantándola a capella. De espaldas a los 15.000 fans, pero mirándoles a los ojos a través de la pantalla, como se aprecia en la imagen que encabeza este texto.

La noche prometía emociones fuertes. Una vez desengrasados, el repertorio nos llevó a un bloque de canciones que hace tiempo no tocaban en directo. Una oportunidad para comprobar cómo una furiosa «Autocrítica», «Rey Sol» o «Pequeño Desastre Animal» aguantan el paso de los años con arreglos actuales. Tras ellas, un regalo para los incondicionales de siempre: «Mi habitación favorita» y «Vida no hay mucha», temas descartados que no aparecen en ninguno de sus discos. Razón por la que no están incluidas en esta setlist. Estas demos son joyas para coleccionistas y para aquellos que los vieron tocar sus primeros conciertos por los garitos de Tres Cantos.

Con la noche calentándose, y entre speach y speach de Pucho (que no falte el activismo del frontman), el siguiente bloque se plagaba de medios tiempos como «La Marea» y «Al respirar». Definitivamente, el concierto rompió con «Boca en la tierra» y «La cuadratura del círculo». La instrumental «Los ríos de Alice» daba paso a «Los buenos», otra de las caras B que han hecho que el repertorio de los madrileños sea inabarcable.

Llegan las colaboraciones

Vetusta Morla
(Foto Gonzalo Cases)

Con una hora desde que arrancaron y, en el ecuador del concierto, quedaba lo mejor. «Maldita dulzura», con Jairo Zavala (Depedro) al acordeón, era el prólogo perfecto para la jam session que se montó sobre el escenario: uno a uno, Pucho fue llamando a todos aquellos que, entre bambalinas, han trabajado para ser las piezas que han hecho de esta banda el puzzle perfecto. Con todos haciendo un combo perfecto y Xoel López como maestro de ceremonias, se marcaron «El amor valiente» del gallego.

Vetusta Morla
(Foto Wilma Lorenzo)

La última media hora es de pura adrenalina. Entre el poco respiro que concede cada himno, uno mira al pasado y se pregunta cómo Vetusta Morla pudo haber compuesto canciones que ya forman parte de nuestro imaginario: la nostálgica y envolvente «Copenhague», «Sálvese quien pueda» o «Valiente» terminan de subir la temperatura corporal y emocional de los allí presentes. Se paran los relojes con la intimista «Iglús en primavera» tocada mano a mano entre Guille y Pucho, para hacer un simulacro de despedida.

La banda ya tiene al público en el bolsillo, y se empieza a pedir el bis. Que llega con la nunca mejor traída «Año nuevo», para cerrar el círculo como empezó, con «Un día en el mundo». Y la guinda al pastel, la ya clásica «Saharabbey road» con la que suelen cerrar los conciertos. Un éxtasis compartido entre banda y fans, que se convierten en uno: los de hace 10 años y los de ahora. Ha pasado una década y, quizás, «es hora de volver a empezar».

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