El gran dilema: ¿qué nombre le pongo a mi banda?

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Ladilla Rusa(Por @tanialozano, periodista y 50% de @LadillaRusa

Creo que la pregunta que más me han hecho en este último año y medio es: “¿Y por qué os llamáis LADILLA RUSA?”. No me importa explicarlo pero, por favor, de periodista a periodista (si algunx me está leyendo): dejad de preguntarlo en las entrevistas. Esa pregunta te la puede hacer tu vecina del 5º, tu cuñao o ese plasta que acabas de conocer en la fiesta de cumpleaños de tu colega, pero a ti nunca te van a dar el Pulitzer como sigas por ese camino.

Poner nombre a una banda no es fácil, al menos a mí no me lo parece. Pero bueno, si eres solista, lo tienes mejor porque puedes optar por ponerte tu nombre y punto. Tamara. Me llamo Tamara y me dejo de hostias. Pero… ¡cuidao! Que si eliges un nombre tan común puedes llegar a tener problemas con otras cantantes y acabar cambiándote el nombre en dos ocasiones por Ámbar o Yurena. O te pueden catalogar de Tamara la buena y Tamara la mala y eso a nadie le gusta. Una liada, vaya. Para eso ponte Beyoncé que seguro que no te lo quitan. Aunque yo siempre he tenido la teoría de que Beyoncé tiene que ser como Encarni pero sonando mejor.

Otra cosa que puedes hacer es ponerte tu nombre y apellido. Lo tengo, me pongo Marta Sánchez. Luego te das cuenta de que a cada tres pasos que das en tu vida te encuentras con otras tías que se llaman igual que tú pero ya no te puedes echar atrás. Ahora ya apechugas y punto. Además también se te conoce por Olé Olé, así que cuando hagas esa aclaración ya no hay confusión posible. He hecho bien. Me quedo con Marta Sánchez.

Luego están esos cantantes a los que no les mola su nombre y buscan algo con más flow. ¿Un ejemplo? Sergio Dalma. Madre mía, qué bonito, se te empalaga la boca tan sólo con pronunciarlo. Pero es bien sabido queSergio Dalma se llama en realidad Josep Sergi Capdevila y yo cuando me enteré de pequeña, me sonó tan sumamente feo, que me puse a llorar y todo del disgusto que pillé. No es broma. Estaba enamorada de él. Aunque mi madre pensaba que yo era bollera porque tenía enganchadas fotos de Marta Sánchez en la carpeta del cole. Me dijo un día cuando tenía unos 8 años: “Tania, ¿por qué sólo tienes fotos de mujeres en la carpeta?” y yo le dije: “Porque sólo compras el Pronto y es la única cantante que sale que me gusta.”. No me iba a poner una foto de Isabel Pantoja o de la Duquesa de Alba, coño. Luego ya me espabilé y empecé a comprar por mi propia cuenta la Bravo, la Súper Pop y la Vale y mi madre vio que era claramente heterosexual con tendencias obsesivas por cantantes como Ricky Martin, pero eso ya os lo contaré otro día.

También existe la fórmula del artículo + nombre propio (o no, puede ser otra palabra, eso ya lo decides tú). Por ejemplo: El Fary, El Arrebato, La Húngara, El Biles, El Payo Juan Manuel, El Coleta. Yo lo veo. En mi caso sería La Tani. Gitana total. Y encima tengo una canción de Manolo Escobar ya hecha. Fantástico.

Si eres folklóricx la cosa cambia, pasas de utilizar el artículo a la preposición + procedencia. Por ejemplo: Marifé de Triana, Tomás de Antequera o Perlita de Huelva. También puedes utilizar tu nombre + apodo: Diego, El Cigala o Tony, El Gitano. O el apodo directamente, qué coño: La Niña de los Peines. Y ya está. Niquelao.

Los ChunguitosBueno, que ser solista está muy bien y te toca a ti el marrón de ponerte nombre pero cuando tienes una banda la cosa se complica porque hay que llegar a un consenso. Así que tirando a lo fácil, volvemos a lo de artículo + nombre. Los Chunguitos. Porque ellos saben que son chungos, pero tampoco tanto porque tienen buen corazón así que usan el diminutivo y ya se capta su esencia. Sublime. Best naming ever. Durante la explosión de la música quinqui en España fueron muchos los grupos que utilizaron esta fórmula: Los Chichos, Los Cheles, Los Calis, Los Chorbos, Los Travilis, Los Banis. Pero en realidad esta fórmula sirve para todo, para grupos quinquis y para cualquier grupo en general: Las Carlotas, Los Panchos, Los Piratas, Los Amaya, Las Grecas, Los Diablos, Los Payos, Los Suaves, Los Sirex, Las Migas, Las Ketchup, Los Planetas, Los Brincos, Las Bistecs, Los Secretos, Los Manolos, Las Odio y un largo etcétera. Queda de puta madre. Yo creo que nosotras si no hubiéramos sido Ladilla Rusa nos hubiéramos llamado Las Primas pero hay unas tipas (que vendrían a ser el equivalente a las Sex Bomb) que ya se llaman así. De todos modos Las Chuches me parece mejor naming. Pero también se nos adelantaron.

Luego están los grupos que se ponen lo que les da la puta gana. Y esos son los que me gustan a mí: No me pises que llevo chanclas, La polla Records, Ojete Calor, Tu madre es puta, El koño de la Bernarda, Patada en la papada, Benito Kamela, Hans Topo, Ceda el vaso, Putochinomaricón y un sin fin de idas de olla totalmente alabables.

Ladilla RusaEl tema del naming es infinito y podría seguir y seguir pero la cuestión es que yo venía aquí a hablar de por qué nos pusimos Ladilla Rusa y se me ha ido la mano con la introducción. Así que voy a proceder a explicarlo a pesar de que corra el riesgo de que nadie lo lea por haberme alargado demasiado.

Víctor y yo teníamos claro que queríamos grabar un tema (que no un disco, pero al final se nos fue de las manos) pero para grabarlo, necesitábamos tener un nombre de grupo. En un inicio lo tuvimos claro: nos íbamos a llamar Señoras Mal. ¿Qué pasa? Que salió la canción de Las Bistes de ‘Señoras Bien’ y, a pesar de haber tenido la idea antes, lo descartamos porque parecía plagio total. Luego descubrimos un temazo de Vaquero’s musical llamado ‘Pamela Chu’ y dijimos: nos ponemos ése (si lo repetís sin parar, veréis la coña). Pero no estábamos convencidas del todo porque esa coña no era nuestra, era plagiada. Así que lo acabamos descartando también. Queríamos algo muy nuestro. Y… llegó el día. Bueno, más bien la noche.

Estábamos en el bar de mi amigo y vecino Idan que justo estaba debajo de mi antiguo piso en el Eixample Dret (que por cierto, el bar ya no existe, ahora es un restaurante japonés). En ese bar he vivido noches muy divertidas y locas a persiana bajada y estaba claro que tenía que ser ahí donde surgiera el nombre. Víctor y yo estábamos sentados en la barra con nuestra amiga Vicky y, de repente, entró una tipa altísima. Total, que la muchacha era amiga de Idan y nos pusimos a hablar los 5 entre birras y algún que otro chupito. Resulta que se llamaba Olga y era rusa. Así que teniendo a alguien delante de tal procedencia empezamos a bombardearla haciéndole preguntas sobre cosas de su país hasta llegar a eso de: “Pero en Rusia, ¿los ingredientes de la ensaladilla rusa son iguales que los de aquí?” y tanta ensaladilla rusa parriba y pabajo que al final, no sé cómo coño, se nos iluminó la cara y dijimos; “¡¡LADILLA RUSA, LO TENEMOS!!”. Seguimos bebiendo para celebrarlo y a mí, una vez más, se me cayó el móvil al váter esa noche cuando fui a mear y murió. Al día siguiente lo pasé mal en el trabajo por el disgusto de ser tan desastre y por la resaca, pero estaba contenta porque algo me decía que ese nombre nos iba a traer muchas alegrías. Y también nos ha traído muchos momentos de pasar vergüenza, las cosas como son, pero eso si queréis os lo cuento en el próximo capítulo que tratará sobre: “el precio de llamarse LADILLA RUSA”.

Si has llegado hasta aquí, cuando me veas te doy un abrazo. Promised. Gracias por leerme. Aunque antes de irme, abro hilo. Si tuvieras una banda, ¿qué nombre le pondrías? Venga, ahora sí, me marcho. LOVE YOU ALL!

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