Love of Lesbian nos pone frente al espejo

446
Love of Lesbian
(Foto Miriam Calero)

(Por @rafavega_, editor de @8como80)

La sensación que te deja «Espejos y espejismos» al salir de las dos horas de intenso show es como cuando te encuentras con tu ex y decidís charlar un rato juntos tomando un café para poneros al día. Es un ejercicio de introspección por los recovecos de los recuerdos, sacando al primer plano momentos que se habían quedado rezagados en la memoria. Algunos de ellos provocan regocijo, otros son menos placenteros pero, en definitiva, sabes que siguen formando parte de tu vida por más que intentes pasar página. Quizás no sea «un reencuentro inesperado en noche azul», pero sirven para no olvidar las experiencias con las que labramos nuestro devenir.

Love of Lesbian nos coloca frente al espejo en este espectáculo en el que salen de los grandes escenarios para colarse en la intimidad del teatro. Una banda acostumbrada a estar delante de miles de personas en los festivales, ahora se agazapa ante unas pocas de decenas de privilegiados que van colgando el cartel de «no hay billetes» allá por donde pasan. Con una cuidada colección de caras B que cualquier banda firmaría como canción bandera. Muchas de ellas estaban guardadas al fondo del cajón del local de ensayo de los catalanes, y llevaban años sin ser tocadas en directo. Véase «Niña imantada», «Un día en el parque», «Oniria e Insomnia» o «Domingo astromántico». Un recorrido por la discografía de Santi Balmes y los suyos, que sirven para mostrar músculo y para corroborar que tienen un fondo de armario tan aseado como extenso.

Pero el gran valor de «Espejos y espejismos» es que aquí no hay sólo canciones, sino también puesta en escena. No olvidemos el contexto para confiarnos a la teatralización del espectáculo. Junto a los 5 habituales que conforman Love of Lesbian, grupo de músicos solventes con muchos kilómetros de furgoneta a sus espaldas, una serie de personajes aparecen y desaparecen del escenario serpenteando sin parar de estimularnos en esta absoluta oda a la imaginación. El montaje es simple, pero efectista: una suerte de almacén lleno de cajas, de las que van saliendo una a una las canciones, plagando de metáforas cada uno de los movimientos que se suceden en la escena. El humo, los títeres, las luces y las sombras chinescas nos atraviesan, evocando a la imaginación, la memoria y los sueños. Una experiencia sensorial y de abstracción, en plena época de estímulos artificiales.

El espectáculo da también para el diálogo y la reflexión. Está claro que Santi Balmes es el perfecto maestro de ceremonias que tiene tablas para eso y para más. En sus reposadas pausas discursivas apela a la emoción cuando tiene que hacerlo, y al humor cuando la ocasión lo requiere. Con Julián Saldarriaga como perfecto escudero, dominan la escena incluso en el tete a tete. Y en esta caja de sorpresas que es «Espejos y espejismos» hay, además, lugar para artistas invitados como el rapero onubense Yonse o la cantaora La Tremendita, que emergió del público para arrancarse con un desenchufado «Segundo asalto», dándole una capa de flamenco que no le sentó nada mal.

Burbujas gigantes, coches de cartón, zepelines que sobrevuelan la platea, gatos fumando sobre los tejados y marionetas enamoradas que se encuentran en el centro del escenario… Así es el catálogo de este bohemio circunloquio que hubiera firmado el mismísimo Valle Inclán. Y todo ello, sin tener que llamar a «John Boy». Como el propio Santi Balmes avisó al principio del espectáculo, «no va a sonar ninguna de nuestras 5 canciones más escuchadas en Spotify». No es necesario, cuando apelas a las emociones y logras con la música que cada uno salgamos del recinto reconfortados con lo que hemos hecho. Y con ganas de volver a mirarnos otra vez al espejo. No está mal hacerlo de vez en cuando…

Deja una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here