El track by track de «La gran esfera»

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La Casa Azul
(Foto Lluís Domingo)

«La gran esfera», el nuevo disco de La Casa Azul, hay que analizarlo desde dos enfoques muy diferentes. Por un lado, el de un artista cuyo discurso sigue rindiéndose a la evidencia del tiempo, que mantiene sus ensoñaciones espaciales, pero que se ve apisonado en las letras por la decepción, la realidad y el fracaso del ser humano, el pesimismo que escondía el escapismo que mostraba «La Polinesia Meridional». Pero también desde la perspectiva de un autor que es un melómano implacable, una máquina infalible de triturar influencias, y que en este disco nuevo da un salto inaudito, transgrediendo una barrera que pocos se han atrevido a tocar: la que separa la música comercial de la música independiente, la que ha establecido tantos prejuicios que muchos artistas se han visto obligados a bordearla sin capacidad de volver a mirar atrás.

En «La Gran Esfera», Guille Milkyway tira abajo el muro, juega con miles de referencias, actuales y pretéritas, superventas y undergrounds, revientapistas y rompecorazones. Puedes escuchar sonidos que nos recuerdan a Las Aves, Etienne Daho, Donna Summer, Boy Pablo, The Beach Boys, Video Age, Roosevelt, Robotaki, Blossoms, The Go! Team o la Elo. Y todo ello sin perder un ápice de identidad.

Ya conocíamos esa declaración de intenciones que es «Podría Ser Peor», la angustia de     «A T A R A X I A», con el afán de Guille por dotar a las nuevas sonoridades «urbanas» de melodía, de pop, de amor, de sensualidad… La elegancia altamente bailable de «El Momento» (canción incluida en el primer capítulo de «Elite», la exitosa serie de Netflix) o el trance de «Nunca Nadie Pudo Volar». 4 avances que se convirtieron en éxitos inmediatos y en clásicos del repertorio de La Casa Azul nada más ver la luz, y 4 canciones que, además, multiplicaron por mil las ganas acumuladas por la llegada de «La Gran Esfera».

«El Final Del Amor Eterno» es emoción y resignación, ese contraste entre letras tristes y músicas eufóricas que tan locos nos vuelve, y en cuyo arte este disco es un auténtico máster.

«El Colapso Gravitacional» es una canción muy Elo del Siglo XXI, que conecta la Electric Light Orchestra de los 80’s, de «Twilight» o «Secret Messages», con el sonido y la producción actual y la electrónica pop francesa de la última década. «Ivy Mike» es un hit R’n’B, es «trap erótico», es una mezcla sorprendente de A$ap Rocky, Barry White, Frank Ocean y Superfurry Animals y es, probablemente, la culpable del deshielo en el Ártico.

«Hasta Perder El Control» es la demostración de que Guille recuerda perfectamente de dónde viene: soul, pop espídico, bubblegum… La Casa Azul en pleno siglo XXI, recorriendo todas sus referencias musicales pero dotándolas de toques de contemporaneidad en el sonido, como los breaks que mezclan los sonidos urbanos y el trap con un subidón hacia un estribillo totalmente clásico. Sin olvidar por supuesto esos vientos heredados de The Style Council. ¿A alguien se le ocurre alguna etiqueta para clasificar todo esto? «Saturno (Todo Vuela)» suena a Beck, a Helen Love, a Sundara Karma, a Circa Waves, a The Vaccines, a eurodisco trotón, a Ramones, a fiesta intergaláctica.

«Gran Esfera» cierra el disco por todo lo alto, la conexión musical con «La Niña Más Hermosa», la canción que despedía «La Polinesia Meridional», los finales clásicos de La Casa Azul que parten de las producciones de Phil Spector, de la dulzura de The Ronettes, de la grandiosidad melódica de The Beach Boys y todo ello aderezado con Mac Demarco o Her’s, con el tono épico de Foxygen o el dreampop de Beach House.

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