“Icebergs”, Jacobo Serra

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Jacobo Serra(por Manu Gálvez, “La máquina de escribir”)

Jacobo Serra en esta maravillosa «Icebergs», dice claramente esto, pues las canciones una vez hechas pasan a ser del que las escucha en la misma medida que en la de su creador. Pasa lo mismo con cualquier manifestación artística una vez terminada, como por ejemplo este texto, que una vez lo leáis, podréis opinar lo que queráis y tendréis la misma autoría que yo. Jacobo es un talentazo, el beatle manchego, que mezcla su arte con su estética especialmente cuidada en cada detalle de cada canción. Esa cabecita genial nos va a dar muchas alegrías.

Siempre me he sentido solo cuando todo me rodeaba. Una molestia en un cuadro lleno de matices, esa zona blanca que no sabes con qué llenar. El color ciego. Cuando me miras sólo ves lo que no importa, mi pelo, mi barba de pocos días, mis ojos con sueño por culpa de no alcanzarlos en plural. Todas las mañanas me lavo la cara haciendo especial hincapié en borrar mis legañas como si eso consiguiera hacerme más visible, me las lavo por vosotros, para que me veáis y podáis ver más allá de esta mirada limpia que oculta la suciedad resultante de unos ojos siempre abiertos, atentos o distraídos.

Me refugio en ese calor que da el hielo del que estoy hecho. La liquidez de la que estoy hecho no la veis, entiendo que muchos no quieran hacer ese esfuerzo por beberme, aunque sea a traguitos cortos, emborracharse de alguien que se protege en sus partes escondidas. Soy lo que se ve y lo que no se ve de mí. No engaño. Lo que se ve es un pelo corto que no hace falta peinar, me gusta sentir alguna mano femenina sobre él, que lo masajeen buscando a través suyo las ideas que se encuentran debajo. Dedos ideales nunca mejor dicho. Mis ojos que cuando te miran como tú sabes es porque son cómplices con los tuyos. Mis ojos te miran porque mereces la pena. Si no, mirarían para otro lado o se apagarían en su apertura más triste.

Mi barba tiene el tacto desaliñado de la alegría de tu presencia y la tristeza de tu adiós sin avisar. No es que no me dé cuenta, es que a veces es preferible parecer que no lo haces. Me gusta acariciarla y sentir a veces cómo raspa como una lija, cómo vuestra indiferencia cuando os pido a gritos no que me hagáis caso, sino sólo que me aceptéis en vuestra realidad sin hacer nada más, un actor de figuración, un extra introvertido porque tampoco le apetece comportarse de otra manera. Otras veces mi barba es pura lana, suave y confortable, un montón de hormigas que recorren los distintos caminos de mi cara buscando una felicidad que no encontrarán pero que a veces parece tan real y a la vez tan efímera que en ese suspiro, esas personas que me la provocan les dejaría mis cuchillas de afeitar con total confianza de que cortaran por donde quisieran.

Parece que no me moviera, que siempre estuviera situado en el mismo sitio. La realidad es que estoy muy lejos. O muy cerca. Lo que nunca estoy es a la distancia que parece. Los metros solo miden la distancia real y esa nunca da la medida exacta. Si me pongo en los mismos sitios es para que no echéis de menos el hueco vacío del que algunos creen que estoy hecho y no los culpo, pues fui yo el responsable de hacerles creérselo. Mi materialidad sólo la comparto con quien no sólo me muestra su parte real, en la que veo con claridad su parte imaginativa, su alma, sus sueños, su sensibilidad y que éstas partes se mezclan con las mías disfrutando de su invisibilidad para los que necesitan ver demasiado las cosas, entenderlas, tocarlas con unos dedos nada ideales sino insensibles al tacto de las cosas que no se pueden tocar y que son las más suaves, las más bonitas que tenemos. SED LIBRES

2 Comentarios

  1. Excelente texto. Pleno de sensibilidad y poesía que además nos hace pensar que la belleza está ahí siempre al alcance de los sentidos

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