«Viva la vida», La estrella de David (por Manu Gálvez, “La máquina de escribir”)

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David Rodríguez es uno de los artistas independientes con más solera de la escena. Productor de Soleá Morante, Los Punsetes y La Bien Querida, para la que además es el guitarrista de la banda. En este tercer disco, La estrella de David hacer honor a su título y se «consagra» como uno de los referentes del indie español, en el que destacan una estética y unas letras especialmente cuidadas. «Viva la vida», aunque sólo haya una, porque por suerte solo hay una, porque el dolor y el placer se confunden hasta hacerse uno, caótico, bello, horrible.

La luz pasada se confunde cada vez más conmigo. Pero esa luz a veces amarga por los golpes de la vida, es dura, resistente y el café en sus manos pierde su condición en su dulce sinceridad. Una de las cualidades de la luz es su brillo sobrecogedor, que ciegue tus ojos con su fuerza y sufras la empatía por ella de cuando llega la noche con su cruel destino. Pero la luz sabe que no debe cambiar nunca, que la luz nunca es una opción, y que ella se «enciende» porque quiere.

Hoy la luz de la mañana se ha levantado oscura y ojerosa. Ha dormido mal y está cansada porque no la han dejado hacer su trabajo. No tiene fuerzas para iluminar un día que sería noche si por ella fuese. Intenta sacar fuerzas de flaqueza, empujada por un sol que la necesita para hacerse respetar. La luz no quiere quemarse más. Abrasarse no le compensa. Guiar a los pájaros tampoco. Ahora sólo le motiva iluminar lo que no se ve. Encender la imaginación. Prender la chispa de lo que está por venir. Mostrar el camino de lo que está por hacer.

El día va pasando grisáceo, plomizo en su cadencia, pesado para llevarlo en brazos. La noche amenaza con su llegada. La luz ha conseguido su objetivo. Se ha escondido tras los ojos del que mira. Los ojos sólo ven la noche. La luz se ve mejor con los ojos cerrados. Su destello hace que así sea.

La luna le ha quitado el sitio al sol. La luz de la noche se columpia sobre su parte menguante. Juega con la oscuridad, baila con ella una danza seductora hasta formar un solo cuerpo. La imaginación no ha parado de soñar toda la noche. Cuando despierte, la luz volverá a estar cansada. Aburrida de realidad. De que esperen siempre lo mismo de ella. La luz sólo quiere dejar de ser ella. Ser otra cosa, que ni ella misma sabe lo que es. La imaginación es cambiante y seguramente mañana pensará otra cosa. La luz nos iluminará cuando dejemos de buscarla. La vida le merecerá la pena y por tanto a mí también.

SED LIBRES

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