Leiva se reconcilia con Madrid

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Leiva
(Foto de Rubén Martín)

(Por @AsuNMN)

El pasado 29 de junio pudimos disfrutar en Madrid del primer concierto que Leiva dio en la capital tras la salida en marzo de su 4º disco «Nuclear». 3 años han tenido que pasar para que el de Alameda de Osuna volviera a reencontrase con su público que, lejos de girarle la cara, le recibió como a una leyenda del rock que reaparece después de mucho tiempo.

El artista, en loor de multitudes, salió, tocó y brilló en compañía de su hermano y compañero de guerras Juancho, el de Sidecars y de su sobresaliente banda. Ya se sabía que el concierto en el Wizink Center pintaría en oros, pues las entradas para los 2 días consecutivos fueron agotadas en pocas horas.

Los que tampoco se quedaron atrás fueron Rufus T. Firefly. Algo tendrá esta banda que todo cabeza de cartel los quiere para abrir sus conciertos. Y no es para menos, pues con «Magnolia» y su posterior «Loto», han dado un paso importante que les sirvió para recibir la bendición de la escena alternativa aportando ese plus que les convierte en una banda gurú que musicalmente despierta el interés de todos.

A calzón «quitao», desde las primeras notas de «Nebulosa Jade», los de Aranjuez hicieron las delicias de todos en un repaso a su 5º disco. Avanzado el concierto. ¿Cantarán la de Viva Suecia, mamá?, preguntó mi hija con un hilo de esperanza. Iba a explicarla que al ser un tema compartido no lo veía muy claro, pero me abstuve y en su lugar me encogí de hombros, pues para entonces ya me encontraba en trance masticando ácido lisérgico y simulando con mis baquetas invisibles que tocaba la batería de Julia. Amor a raudales, un agradecimiento sincero a Leiva y, sin cantar «Hoy Empieza Todo», repartió entre idas y venidas de olla la banda su psicodelia. Una banda de actitud flamante y espíritu constante.

A Leiva le esperaban en casa

Me encontraba en mi primer concierto de Leiva con mi hija. La pasión que siente por su música hizo que nos desplazáramos hasta Madrid, donde pude vivir junto a ella un concierto impensable. Nunca sentí inquietud por la escena de sus conciertos, y el sábado pude comprobar cómo sus canciones son capaces de dispersarse de la misma manera que lo hace el cianuro en una cámara de gas. Con «Expertos» y con 20 minutos de retraso comenzó uno de los conciertos más esperados en la capital madrileña. Desde un primer momento captó mi atención lo terriblemente fieles y entregados que son los espectadores del artista. Pocos han sido los artistas españoles que distanciándose de sus seguidores han sido recibidos de manera tan multitudinaria. Creo que Leiva puede sacar pecho de ser uno de los músicos que mejor público tiene.

Como perros que esperan su hueso supieron en su día ser pacientes de la entretenida que estaba dando el cantante, pues tras «Monstruos» (2016) no llegaban señales de un nuevo trabajo. En zona nuclear sonaron temas como «Lluvia en los zapatos», «Lobos» o «Sincericidio». Tampoco faltaron canciones de su formación con Pereza, como «Estrella Polar», con la que confesó el cantante que dejó de cantarla porque en su momento le cogió cierta manía. Añadió que ese tema le había dejado de conmover y que sólo cantaba las canciones que le conmovían, pero que cierto día subido en un taxi de Madrid la volvió a escuchar, logrando de esa manera que le conmoviera de nuevo. Bonito ejemplo del poder que tienen las canciones. Tras la historia, la euforia y el júbilo se apoderaron de 15.000 personas que emocionadas de nuevo afinaban su voz.

Leiva
(Foto de Óscar Lafox)

La sensación que me dio mi primer concierto de Leiva, fue que me encontraba ante un músico que dedicaba su vida a hacer lo que le gustaba y que le importaba un rábano no haber hecho otra cosa. Sus canciones, hechas para sí mismo, encajaron a la perfección con el difícil arte de hacerlas llegar. Si Leiva buscaba la parte que le faltaba en nosotros, nosotros la encontramos en sus temas. Rock alternativo, blues rock pasando por la canción de autor nos llevaron de la mano a «Vis a Vis», donde pudimos ser espectadores de uno de los momentos más introspectivos del cantante. Podía perfectamente habérsele resquebrajado la voz, pues con la mano en el corazón y previa petición de silencio quiso José Miguel Conejo Torres (Madrid, 1980) meterse de cabeza con uno de los temas más introspectivos y personales de su carrera.

Comenzaron a oírse campanas de que las canciones más esperadas (esperadísimas diría yo) no formaban parte del set list, y ya estábamos a punto de creérnoslo cuando, ilusos de nosotros, comenzaron a aparecer las primeras notas de «La Llamada» y su, cómo no, «Lady Madrid», 2 himnos para rematar que confirmaron que todos los allí presentes éramos muy de Leiva.

Comencé a sentir las canciones de Leiva en el Wizink de Madrid. No sé si el artista vende muchos discos o pocos, pero nadie puede negar que es uno de los artistas que más sold outs consigue. Si hay algo que consigue es ponernos a rockear. Y si hay algo que sabe hacer el cantante es la de mirarse muy adentro, arrancarse el órgano vital y diseccionarlo en capas para componer canciones.

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