«Lento», Najwa

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Najwa Nimri(Por Manu Gálvez, «La máquina de escribir»)

Najwa Nimri es mi debilidad, y ella es conocedora de sus fortalezas. Su mirada poderosa que traspasa la pantalla. Su voz que se digiere por mi garganta y que mezcla nuestras salivas creando un charco arenoso en el que enfangarse y disfrutar. Lo que se digiere con facilidad se olvida. Lo que se atraganta ayuda a recordar ese sabor amargo, a un café que ya va siendo hora de olvidar. Pero que te despierta, te despeja y te abre los sentidos. Najwa es una boxeadora que utiliza guantes de seda. Cada frase cantada es una caricia que deja cicatriz. Una herida hecha de palabras. Una melodía suave en la que se esconde un animal salvaje. Del talento de Najwa no te puedes fiar. No se me ocurre piropo mejor. Siempre te sorprende escondiéndose sobre su propia canción o el personaje que interpreta. Ella nunca está. Yo creo que Najwa no existe y, si lo hiciera, no nos enteraríamos nadie de ello.

Gozar es parecido a sufrir. Cuando el dolor no surte efecto se transforma en cosquillas, en una electricidad placentera que te electrocuta o que te funde los plomos, que apaga los sentidos, pues el placer cuando es cósmico, gigante, puede llevarse con él, el resto de sensaciones. Que todo te sepa a acuario. A agua y aire. La doble A. Pilas que se acaban follando hasta el conejito de Duracell, una chica difícil que yo conocí.

Hoy te toca morir lento. Najwa te mata con la tranquilidad que deja en su víctima no saber que lo es. Un muerto que vive el presente. O en un paso más allá, que lo ha sido. Se sabe muerto pero no sabe por qué y lo que es peor, por quién.

Sensaciones imposibles de explicar

Najwa es Zulema y zalamera. Presa y prosa envolvente. Vis a vis con el preso que la escucha. Música encerrada en tu cabeza. Desfogarse por los oídos. Orgasmos que no sueltan los grilletes. Grillos que oscurecen los pensamientos de ambos y que retumban en sus cabezas. Ideas sólidas con las que hacerse una casa. Una que no sea de papel. Endeble y fantasiosa. Como son las que están hechas de imágenes que se mueven pero que no se tocan. Ella es sabia y sabe cómo debe ser esa casa.

Najwa es la maestra que une todas nuestras conexiones cerebrales hasta explotarlas en miles de sensaciones imposibles de explicar. Hacer esa casa con los escombros de nuestras cabecitas y formar un Frankenstein romántico, como nuestra forma de ver la vida. La profesora que acabará con «El profesor» que todo lo sabe y que todo lo resuelve. La perfección es la imperfección más grave. Najwa nos equivoca porque quiere lo mejor para nosotros.

Najwa es la sorpresa perfecta para perderse en un bucle con ella. El misterio más bello. Yo sí  acudiré a nuestra cita en Madrid Río. Estaré encantado de compartir banco y pedales, como no hizo el flipado de Broncano.

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