«Qué somos ahora», Rusos Blancos

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Rusos Blancos(Por Manu Gálvez, «La máquina de escribir»)

Siempre hay alguien que duerme en mi cabeza. Ahora eres tú. No sé si lo mereces. Sé que no. Me engaño. Te engaño. Nos hemos acostado en este verano que empieza mal. A mí no me gusta hacerlo en esta estación, pues no me gusta la sensación de deslizarme por tu cuerpo como si fuera un tobogán de un parque acuático. Pero lo que más me molesta es que te resbales por mi mente, un suelo que no termina de secarse ni con este calor. Nos conocimos en una boda. Yo te miraba y tú aprovechabas para guardarte mis ojos cerca de tu sonrisa. Ahora sé que era para tenerlos cerca y poder morderlos. Oscurecer mi horizonte y convertirlo en una noche que no acaba.

En la boda me dijiste que de una boda sale otra. Pensé que ojalá tuvieras novio. Yo ya estaba ciego y el alcohol había ayudado en el cometido que había empezado ella. Ella tiene nombre y es Sofía. Una reina emérita y vikinga, muy española, vamos. Yo solo te engaño con la mente, pero es que mi imaginación vuela libre, incontrolada. Etílica y mareada, la barra libre se movía y sólo se quedaba quieta cuando tú te acercabas la copa a tus labios.

Es verdad que sonó Chenoa, también «perreamos» con Bud Bunny, bailando hacia el desastre. Pero cuando sonó esta canción de Rusos Blancos, ambos sabíamos que la estábamos escribiendo nosotros. Y yo no sé si quiero escribir nada a 4 manos. El acto de escribir es muy solitario, onanista hasta el extremo que sólo contesté tu llamada cuando mis manos estaban cansadas de teclear y no estaban para realizar ninguna otra tarea.

Acostarme contigo fue un spa para mis manos. Las tuyas parecían descansadas, como si hubieran escrito poesía. Manos poéticas, suaves, delicadas, pero que olvidas a  la mañana siguiente. Sólo me acuerdo de ellas cuando me están escribiendo. Los únicos poemas que merecen la pena son los cortos. No merece la pena alargar el sinsentido. Una vez follado el poema empieza la vida. La prosa. Lo que importa.

Escribo esto para que lo leas. Dices que esto se parece mucho al amor. No sé si te refieres a que te escriba o a lo que tenemos. Yo sólo me acuerdo de ti por las noches, pero fue culpa tuya que me dejaras ciego.

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