This is Sonorama

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Sonorama(Por @rafavega_, editor de @8como80)

Los más futboleros conocerán ese cartel al final del pasillo que da acceso al estadio del Liverpool, que reza «This is Anfield». Para los jugadores locales es un estímulo verlo justo antes de saltar al césped. Pero para los visitantes suena más bien a advertencia: van a jugar en un templo, un lugar diferente a todos los demás. Al principio de la calle Isilla de Aranda de Duero, frente al Mesón El Pastor, deberían poner un cartel parecido, «this is Sonorama«, avisando a los que entramos en la espina dorsal del Sonorama.

El festival arandino es diferente a todos los demás precisamente por todo lo que hay alrededor de esa calle, hasta desembocar en la mítica Plaza del Trigo. A un lado y otro se van repartiendo mesones para degustar lechazo, bodegas donde catar los mejores vinos y esquinas en las que resguardarse del intenso calor meteorológico y ambiental. Porque en ese lugar confluyen algunos de los mejores momentos que ha dado el indie español de los últimos años. Pero no sólo de la Plaza del Trigo vive el Sonorama. Por eso, queremos rescatar algunos detalles que nos ha dejado esta edición.

Para aplaudir

  1. El equipo de producción: antes que destacar a bandas y artistas, nos gustaría que el primer aplauso sea para ellos. Son los que consiguen que esté todo listo en los distintos escenarios a su debido momento. Cuando los demás miramos a otro lado entre concierto y concierto, ellos se esfuerzan con un trabajo que apenas se ve. Pero puedo asegurarte que cambiar cables, backline, micros y escenografía en un festival como éste no es una tarea nada fácil. Ellos lo hacen en tiempo récord.
  2. Viva SueciaLos triunfadores de la Plaza del Trigo: cada año hay una banda que se encumbra en este lugar mítico. De aquí han salido engrandecidos Vetusta Morla o Izal más recientemente. En esta edición, todas las miradas estaban puestas en la sorpresa del sábado: todos apuntaban a Viva Suecia, aunque la publicación en redes sociales de su frontman Rafa Val de un percance en sus dedos hicieron saltar las alarmas. Pero, finalmente, los suecos aparecieron a la hora señalada, con Jesús Cobarro de Noise Box a la guitarra. La hora que pasaron los murcianos sobre el escenario fue una auténtica sucesión de hits, desde «Hemos ganado tiempo» hasta «A dónde ir», pasando por «Lo que te mereces», el primer adelanto de su próximo disco, que ya va camino también de convertirse en un himno. Viva Suecia salen de esta Plaza del Trigo ya como banda grande (si ya no lo eran). Pero hubo también otras 2 bandas menos conocidas que mostraron músculo sobre las tablas arandinas y que darán que hablar: Kitai el viernes, con un show cargado de adrenalina y colaboraciones (Gabriel de Shinova, Alberto de Miss Caffeina, Sean de Second…) en el que repasaron algunos clásicos del rock; y Nixon el domingo, cuando los almerienses consiguieron levantar un festival que ya se iba adormeciendo después de 4 días.
  3. El nuevo recinto: ampliar las dimensiones de este festival era una necesidad, y sus organizadores lo entendieron perfectamente. Gracias a esta decisión, hemos podido disfrutar de mucho más espacio, menos colas y apenas aglomeraciones. Ni en «horas punta» como el viernes o el sábado por la noche tuvimos los asistentes sensaciones de agobio. Además, la ubicación de los 2 escenarios principales uno al lado del otro ha evitado los incómodos tránsitos que había en ediciones anteriores de una esquina a otra del recinto. Todo un acierto.
  4. Nacho CanoLa apuesta por la innovación: siempre Sonorama ha sido un festival en el que pasan cosas. En años anteriores estuvieron el Dúo Dinámico o Raphael, apuestas poco comunes en eventos de este tipo, pero que funcionaron perfectamente. En esta edición, el revival venía de la mano de Nacho Cano. El ex de Mecano lideró un concierto en el que se repasaron, como si de un karaoke se tratara, los grandes éxitos de los madrileños, como «No controles», «Barco a Venus» o el «Vivimos siempre juntos» que, como si fuera el «We’re the world», terminaron de cantar todos juntos. Por el escenario pasaron artistas como Alberto de Miss Caffeina, Maryan Frutos de Kuve (especialmente destacable fue su interpretación de la complicadísima «Aire» o Gabriel de Shinova.

Para mejorar

  1. El sonido del concierto de Nacho Cano: lástima que esa apuesta por el revival quedara ensombrecida por los problemas de sonido que hubo durante todo el show. Los sufrieron los artistas y lo sufrimos el público que, en algunos momentos, no escuchábamos apenas. Fue, además, un curioso cruce generacional: en el mismo punto confluimos puretas como yo cantando a voz en grito canciones que tanto nos marcaron con millenials grabando stories sin saber de qué iba la cosa.
  2. SonoramaPúblico objetivo: quizás en este punto algunos festivales deberían plantearse qué tipo de target quieren. Sobre todo, uno como Sonorama, que durante muchos años se ha labrado una pátina de calidad y buen gusto. Ampliar el público a las nuevas generaciones no es malo, sino algo necesario. Y un organizador no debe renunciar a nadie que quiera comprar un abono porque esto, no lo olvidemos, es un negocio y se paga con la venta de entradas. Pero la tendencia a «arenalizar» algunos festivales en los últimos tiempos está provocando que la convivencia no sea sencilla entre los que buscamos escuchar música y los obsesionados por el selfie. Estos últimos han «acampado» durante horas en las primeras filas de los conciertos, sólo por la foto. Y, una vez que la tenían, no han dejado de molestar a los que realmente queríamos atender a lo que ocurría encima del escenario, más allá de los likes. El tema de las pistolas de agua da para un post completo…
  3. El hijo que se hace mayor: Sonorama es como el típico hijo que, cuando es pequeño, quieres que crezca pero, cuando lo hace, preferirías que se hubiera quedado como antes. Está claro que el festival arandino se ha consolidado como uno de los grandes de nuestro país y a nivel de producción ha crecido enormemente. Pero, bajo mi punto de vista, este año se ha abusado de serpentinas, confeti, fuegos artificiales y humo. Pocos conciertos ha habido durante los 5 días que no hayan tenido alguno de estos «efectos especiales». En determinados momentos, pueden llegar a ser efectistas. Pero, si abusas de ellos, terminan por provocar el «meh». En mi opinión, las bandas tenían calidad suficiente para no necesitar mayor atrezzo. De todas formas, me alegro por el proveedor de confeti, que a estas horas debe estar en algún resort de las Islas Maldivas.

Sea como sea, con más o menos confeti, con más o menos selfies, el Sonorama es un festival que trasciende a todo esto. Un festival que es lugar de reunión de profesionales, artistas y amigos, convirtiendo Aranda en el lugar al que todos queremos ir la 2ª semana de agosto. Escribo esto digiriendo aún los varios lechazos que han caído estos días y, sobre todo, con las ganas de que el calendario empiece a deshojar los meses. Para que, otra vez, nos volvamos a encontrar en ese punto de encuentro que es la calle Isilla. Allí, bajo ese imaginario cartel que reza «This is Sonorama».

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