Romance de verano, con Apartamentos Acapulco de fondo

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(Por Manu Gálvez, «La máquina de escribir»)

Este verano me he quedado en casa. De manera literal. No he salido a la calle, tenía miedo al calor del asfalto y al de tus ojos de fuego. Vivo entre llamas, y salir a la calle era salir a reproducirme, a encontrarme con tu sexo mojado que volvería a apagarme.

Hay romances de verano que empiezan en invierno y acaban en julio. Me has hecho sudar cuando hacíamos contacto en nuestros casquetes polares. Nunca te gustó poner la calefacción, te hacías poderosa, pezones de asesina, Sharon Stone en mi cama, dos picahielos por pechos. Mi boca sangraba y mis tripas te hacían un streptease.

La maldita primavera, siempre en medio, hizo su trabajo molesto. La alegría se hizo alergia en tu sonrisa, putrefacta, manchada de polvo y flores. La naturaleza actuó para estropearlo todo. Aun así seguíamos estornudándonos desnudos, constipados y antihistamínicos de nosotros mismos. Éramos un mismo polvo que se convirtió en dos motas asexuales y demasiado limpias y sanas. La suciedad ayuda a no ver lo que hay debajo o encima y eso siempre es bueno para el amor, el sexo o lo que sea esto que nos diferencia del resto de los animales, para el bien de ellos.

El verano, por suerte, se está acabando y podré volver a salir a la calle. No temeré por encontrarte entre ese caos de chaquetas de entretiempo y hojas amarillentas que alfombran un suelo demasiado parecido a su cielo. Tus armas blancas serán más peligrosas que nunca, no ganarás para blusas y sostenes, pero tu frialdad será menos cuando se encuentre con la mía.

Apartamentos Acapulco suenan con esta canción perfecta para un termostato variable. Granada es lo que tiene. Lorca, como su poeta perfecto de entreguerras, y García Montero de entretiempo. O te matan o no dices nada. Apartamentos Acapulco, sí que dicen cosas, son insensibles al tiempo meteorológico, pero no al que se escapa entre los dedos mojados, agua con la que se confunde y que  se esconde en sí misma, ensimismada de verse fluir por las venas, roja, herida, llena de vida y emociones. SED LIBRES

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